¿TE ATREVES A RECONOCER LA MANIPULACIÓN QUE HAY EN TI?

¿Hasta dónde podemos decir que el fin justifica los medios? ¿Alguna vez has sido consciente de tu siniestra habilidad para controlar a otros o conseguir lo que te propones? Te invito a que en intimidad te confrontes, te observes y reconozcas el lado oscuro de tu personalidad. Recuerda, no es grande quien hace alarde de su perfección y su armonía, es grande quien es capaz de reconocer su ignorancia, sus debilidades y sus flaquezas para administrarlas. Te invito entonces a que aprendas a reconocerla.

Existen varias clases de manipulación, entre ellas está la culpabilización, la amenaza, la adulación, la enfermedad, la descalificación.

En todos los casos existe como base de personalidad una muy pobre autoestima y una sensación constante de no sentirse lo suficientemente amado o temor de ser abandonado. En la medida en que la persona teme perder, o considera no tener lo mínimo para ganar, se apega a todo tipo de estrategias que, de alguna manera, le den la seguridad de tener el control.

Es muy común que cuando somos niños vivamos experiencias que interpretamos como desamor o abandono, sin que necesariamente haya sido real. El solo hecho de estar en un hospital, para un niño puede significar que merece ser abandonado, cuando quizás la buena intención de sus padres, desde su profundo amor, era que fuera sanado. Igual ocurre con cualquier tipo de ausencia o comportamiento que pudo tener como objetivo, todo lo contrario.

Si a estas interpretaciones erradas le sumamos condiciones de descalificación, rechazo, maltrato, humillación, resentimiento o indiferencia, estaremos abonando el terreno propicio para un buen cultivo de habilidades en manipulación. Y si estas conductas o actitudes comienzan a mostrar buenos resultados, automáticamente se refuerzan como principal estrategia de supervivencia llegando a generalizarse en todos los aspectos de la vida del individuo.

Manipulación a través de la culpabilización

Es una táctica utilizada por gran número de personas, en especial padres que buscan tener el control sobre los hijos y parejas que temen ser abandonadas. No es raro escuchar a los padres recordando a los hijos los inmensos sacrificios que deben hacer para darle todo lo que necesita, o la madre que responsabiliza de su soledad a su hijo para que no se retire de su lado. También es frecuente observar mujeres que pasan factura a sus esposos por la cantidad de años que se alejaron de su trabajo para dedicarse al hogar.

Expresiones como:

¿Y no te importa dejarme solita?

¿Sabes cuánto tengo que reventarme para darte lo que necesitas?

¡Todo lo que me sacrifico por ti!

¡Tú me enfermas!

¡Renuncié a lo que más quería por estar a tu lado y así me respondes!

En este caso, las víctimas actúan por el sentimiento de culpa que los invade y no por el convencimiento propio de lo adecuado o inadecuado de su comportamiento, lo hacen guardando grandes cargas de resentimiento y agresividad que se hacen evidentes cuando se convierten en personas frustradas, amargadas, que no han logrado conseguir sus objetivos, por el manejo que han hecho otros de sus sentimientos de culpa.

Creemos salirnos con la nuestra cuando vemos que aparentemente hemos obtenido el objetivo, sin ser conscientes de la forma como hemos abonado el terreno para que nos odien, nos repudien, se aburran y, muy al contrario de lo que esperábamos, busquen la forma de huir de nuestra presencia. En ningún caso existe la posibilidad de amar o ser armónico ante la presencia de la culpa como motivación.

La mejor forma de quitarle el poder a quien te manipula de esta manera es confrontando su decisión de haber dado, sacrificado, hecho lo que sea que contenga su estrategia manipuladora. Algo así como: “Fuiste tú quien decidió no trabajar” o “eres tú quien decide lo que inviertes”.

Es importante que el(la) manipulador(a) se sienta desmantelado(a) cuando se hace evidente que la víctima no ha participado en su decisión o acción. Que todo cuanto manifiesta hace parte única y exclusivamente de su voluntad o su perspectiva.

Manipulación a través de la amenaza

Típico de las relaciones de pareja, principalmente, aunque se observa en todo tipo de vínculos. Sucede cuando la persona amenaza al otro de cometer un acto en contra de sí mismo o del otro para conseguir lo que quiere.

Expresiones tales como:

“Si me dejas, me mato”.

“Si te vas, le cuento todo a tu esposa”.

“Un día de estos no me vas a encontrar”.

“Lo destruyo si lo vuelvo a ver”.

“Tu familia conocerá la verdad”.

“Le cuento a tu papá”.

Son expresiones que buscan tocar el lado más susceptible de la víctima, para someterla. Como en otros tipos de manipulación, la víctima se ve obligada a actuar de forma contraria a su deseo, generando sentimientos profundos de agresión contra el(la) manipulador(a).

Las víctimas tienden a someterse por el temor a enfrentar o hacer manifiesta su mayor vergüenza o debilidad, pero tiempo después de absoluto sometimiento vendrá la más absurda rebelión y oposición, aunque ello acabe con sus vidas.

La mejor forma de quitarle el poder a este(esta) manipulador(a) es asumiendo la consecuencia de aquello que tanto temes. Igual, algún día terminarás enfrentándolo, no hay por qué quedarse a esperar. Adelántate a la amenaza y di algo como: “Haz lo que necesites”.

Para estas personas el poder está en la amenaza, no en la materialización de la misma, ya que con ello estarían cortando el lazo que les permitía mantener el control.

Manipulación a través de la adulación

Típico de los ambientes laborales y de negocios. En este tipo de manipulación, las personas buscan reconocer permanentemente a sus víctimas endulzándoles el oído y resaltando cualidades reales o falsas.

Es la menos notoria de todas en la medida en que está encubierta por la sociedad y favorecida por las víctimas, que no son conscientes del proceso manipulativo.

El propósito escondido es obtener algún beneficio o ganancia de la relación. Una característica propia de los manipuladores es que jamás establecen vínculos sin calcular previamente la ganancia o provecho.

Este manipulador(a) se desmantela cuando le haces saber, de forma sutil, que no te hacen falta sus adulaciones ni te impactan. Ejemplos:

“Eso lo dices porque no me conoces”.

“Cambiarás de opinión cuando me conozcas un poco más”.

Manipulación a través de la enfermedad

Es típica de los niños y las mujeres. La aprendemos desde muy chicos cuando encontramos en la enfermedad el único medio para evadir responsabilidades, obtener cariño, atención o colaboración.

Desde el dolor de estómago del niño que no quiere presentar un examen hasta la parálisis total de la mujer que quiere castigar al marido por pretender irse con otra.

En ninguno de los casos se debe favorecer que se obtenga ganancia alguna, pues esto refuerza la estrategia. Es importante indagar qué teme la persona y ayudarle a encontrar alternativas de solución, sin validar la manipulación.

Manipulación a través de la descalificación

Es un estilo propio de personas inseguras, que temen que sus parejas se fijen en alguien más o busquen otras oportunidades.

El(la) manipulador(a) se encarga de convencer a su víctima de que no tiene valor ni posibilidad alguna: “estás muy gordo(a)”, “eres feo(a)”, “no sabes hablar”, “eres torpe”, “tus órganos sexuales son anormales”.

La víctima pierde autoestima y llega a creer que solo esa relación le da valor. Si surge la posibilidad de un ascenso, estudio o mejora, el manipulador(a) crea interpretaciones y mentiras para abortar la idea de crecer.

La salida es clara: huir de la descalificación y no dar credibilidad a tales manifestaciones. Quien no celebra tus logros no merece estar a tu lado.

Manipulación a través de la solución a todas tus necesidades

¿Quién no quisiera alguien que resolviera todas sus necesidades? Pero cuidado: detrás puede esconderse la estrategia más peligrosa.

Personas con alta sensibilidad analizan tus carencias y se presentan como la única opción que te brinda seguridad y comodidad. El precio: tu energía, tus sueños, tu vida.

En muchos casos, las víctimas abandonan todo lo suyo para depender del manipulador(a), creyendo que les ayudan, cuando en realidad los están devorando.

Recuerda: ninguna relación afectiva tendrá sentido mientras el otro sea útil solo para un propósito tuyo. Una vez se agota la utilidad, el interés desaparece.